viernes, 10 de agosto de 2012

Muerta.




Muerta. Muerta como una gota de agua helada en pleno invierno. Como la ultima hoja del otoño. Muerta como la cuerda de guitarra que se rompe y al saltar te corta la piel hasta hacerte sangrar. Como una colilla de cigarro. Muerta como el atardecer, o como un millón de hectáreas quemadas de mi tierra. Muerta como un trozo de papel que se desgarra rompiendo el silencio de esta tumba invisible. Muerta como si yo misma me hubiera matado. Muerta porque nunca volverás y aún así te espero. Muerta porque no voy a escuchar mas tu voz, ni veré tu rostro, ni tocare tu cuerpo. Muerta porque olvidare que me amaste, olvidare tu olor, tu sabor, tu risa, tu tacto... porque olvidare todo tu físico, pero recordaré lo que me hacías sentir. Muerta porque no saldré de ésta. Muerta porque escribo sin derramar lagrimas, solo escupo frío. Muerta, con el alma sangrando y el cuerpo marchito. Muerta, sin vida, sin sol brillante al que refugiarse, sin lugar donde resguardarte del hielo, sin familia que te de calor o comida que alimente mi espíritu, sin nada que perder porque lo he perdido todo. Muerta, respirando, bombeando sangre, pero sin alma, ni risa ni llanto. Muerta, como a la persona que salvaste cuando me conociste. Vuelvo a estar muerta, y esta vez, nadie podrá volverme a la vida.